Cada vez que salgo a sacar la basura hago cálculos. Me quedo parado con la bolsa en la mano, para no salir ni un segundo antes de que pase el camión basurero. La razón, el perro blanco de la esquina. Ese quiltro de mierda no tiene respeto por nada, se caga en mi pasto, se mea en mis árboles, y cada vez que pilla la bolsa de basura desatendida la rompe y distribuye toda mi basura por la cuadra completa. Como soy muy viejo, y la velocidad ya no se me da, no he logrado darle una buena patá en la raja cuando lo pille. No me preocupa tanto barrer, como que los vecinos se estén fijando en mi basura, son tan sapos que deben andar preocupados de lo que como y de lo que tomo. Yo no sé por qué ese perro tiene tanto interés en mi basura, y no en la de la señora Gladys, porque ella sí que debe votar cuestiones que dan que hablar.
diciembre 19, 2011
La Basura y el Perro
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